¿Cómo sé si estoy meditando bien?

La posición y la respiración son fundamentales.

Esta es una pregunta que aparece mucho y las respuestas son variadas. En este caso abordaremos el ángulo de la postura y algunos detalles de la práctica.

Sobre tu postura:

Lo mejor para la postura es tener la espalda bien recta y la mirada hacia el frente, con la barbilla ligeramente inclinada hacia tu cuerpo. La silla no debe ser suave, pues es importante que no te muevas y que te soporte bien. Tus manos pueden ir sobre tus piernas con las palmas hacia abajo, o también—si te gusta más—pueden ir hacia arriba.

En cuanto al respaldo, lo mejor es que solo te soporte la parte baja de la espalda, para que pueda estar realmente en la posición adecuada y no “recostada”, pero siempre la prioridad es que estés cómoda o cómodo, nunca con tensión ni dolor. Si necesitas hacer un ajuste por comodidad, hazlo. Poco a poco podrás ir viendo si cambia tu postura.

Ambos pies deben de estar alineados y bien puestos sobre el piso, sin que alguno quede flotando. Revisa que estén más o menos en un ángulo de 90 grados (ni muy estirados ni hacia adentro de la silla).

Claro que los más flexibles utilizan la posición de flor de loto o similares para meditar, y si te funciona y la puedes lograr, aún mejor; pero mucha gente continúa meditando con una silla por años y no es ningún problema.

Sobre tu respiración:

Fuera de cuando se indica respirar profundo (inhalando por nariz y sacando por boca) el resto del tiempo la forma correcta es la que tu cuerpo decida, sin que lo forces a nada. Mantén tu ritmo natural.

Por último, recuerda: Si algo te está incomodando o si de pronto sientes que estás haciendo un esfuerzo muy pesado al momento de meditar, es porque necesitas hacerlo con menos presión y dejándote fluir. Como bien dicen “si te incomoda, esa no es meditación”.